Una semana después del asesinato de su esposo, el presidente John F. Kennedy, su viuda Jacqueline solicita los servicios de un periodista para hablar acerca del legado histórico de su marido, puesto en tela de juicio ante el inicio de un nuevo régimen político encabezado por Lyndon B. Johnson. Reticente a revelar verdades e inflexible en una lectura distinta de la historia a la propia, Jackie va entrelazando distintas capas de su historia como Primera Dama de Estados Unidos, que encierran su sentir como madre, esposa, imagen del poder e ícono de la cultura popular.

Jackie (2016) es la primera cinta filmada en inglés y en Estados Unidos por el notable cineasta chileno Pablo Larraín, con producción internacional (por parte de otro realizador estimable: Darren Aronofsky) y una actriz protagónica: Natalie Portman, ganadora de un Óscar. Además es un primer proyecto de encargo, después de seis largometrajes filmados en su natal Chile y todos ellos obras personales. Parecen demasiados costales encima para un joven autor en ciernes, pero contra lo que pudiera pensarse, Larraín consigue sacar la casta para insertar su acercamiento a Jacqueline Kennedy y la política estadounidense en sus obsesiones personales.

Película Tony Manero

Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1976) es un cineasta que circula una ruta, en la ficción, no muy distinta de la de su colega y paisano, el Maestro Patricio Guzmán, en el documental. Ambos son directores que apelan a recordar obstinadamente los horrores experimentados por su nación bajo la dictadura de Augusto Pinochet, con filmes como Tony Manero (2008), Post Mortem (2010) y No (2012). Aunque también Larraín ha expuesto asuntos como las historias ocultas de la Iglesia Católica en Latinoamérica y la persecución política en un par de filmes recientes: El club (2015) y Neruda (2016).

El guión de Jackie, escrito por Noah Oppenheim, parte de la entrevista que Jacqueline Kennedy dio al periodista Theodore White, célebre por sus artículos sobre las campañas presidenciales en la revista Life, pocos días después de la trágica muerte del presidente John F. Kennedy en la plaza Dealey de Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Este punto de partida dicta entonces a Larraín la forma narrativa y cinematográfica a través de la cual guiará a su espectador durante el resto del metraje. Mediante el recurso del flashback, la protagonista va retomando fragmentos de sus recuerdos, sin procurar un orden cronológico específico, permitiendo a la construcción aleatoria enriquecer nuestra mirada y al mismo tiempo mantener una distancia con respecto a los hechos. En el caso del Hollywood convencional, la opción hubiese sido hacer del argumento un melodrama desgarrador sobre una mujer que lo ha perdido todo. Por fortuna, Larraín apuesta por encaminar al espectador hacia una reflexión sobre el papel real de la protagonista en la era Kennedy.

Antes de descender del avión que los llevará a su trágico destino, Jackie se asoma a un espejo de tres partes para ensayar un discurso. Ése es el retrato que de Jacqueline Kennedy orquesta Larraín: el de una mujer dividida con un rostro distinto para ser madre, esposa, Primera Dama o viuda ante la nación entera. Es la mujer de Estado que fervientemente cree en que su era fue similar a la de los Caballeros de la Mesa Redonda, cuando el rey Arturo y su grupo de hombres de bien construyeron en Camelot un bastión del honor, la verdad y la lealtad, manteniendo a los bárbaros a raya. Es el de Larraín el retrato de una mujer que ante la perspectiva de perderlo todo (su terror a la mendicidad en la cual terminó su vida la viuda del presidente Lincoln, por ejemplo), decide crear un entorno legendario a la vida y los tiempos de su malogrado esposo.

Además de las extraordinarias escenas en las cuales Jackie se derrumba espiritualmente ante su confesor, un sacerdote católico encarnado por el fallecido John Hurt, Pablo Larraín consigue momentos magistrales al seguir a su protagonista por los pasillos de esa Casa Blanca/Camelot que pronto deberá dejar en manos de sus nuevos dueños, mediante elegantes planos secuencia y tomas de notoria profundidad de campo que potencian la sensación de soledad en el proceso de duelo, aunado a la contenidamente emotiva interpretación de Natalie Portman, la estupenda recreación que en el filme se hace de la Casa Blanca y la extraordinaria música de la compositora inglesa Mica Levi, cuyas notas que se elevan para languidecer hablan musicalmente de ese Camelot perdido, de esa mujer que nunca terminó de conocer a su esposo, de ese ícono de la moda a nivel mundial que profanó su traje Chanel tratando de reunir los trozos del cráneo de su marido en la escena del crimen, de la mujer que se pregunta cuál es realmente la aportación del hombre a la historia, de la mujer que busca respuestas hasta que se da cuenta que no existen.

La forma en la cual Pablo Larraín aprovecha en Jackie todos y cada uno de los elementos cinematográficos a su alcance, habla de su notable madurez.

JACKIE (Jackie, Estados Unidos-Chile-Francia, 2016). Dirección: Pablo Larraín. Guión: Noah Oppenheim. Fotografía en color y blanco y negro: Stéphane Fontaine. Música: Mica Levi. Edición: Sebastián Sepúlveda. Con: Natalie Portman (Jacqueline Kennedy), Peter Sarsgaard (Robert Kennedy), Greta Gerwig (Nancy Tuckerman), Billy Crudup (periodista), John Hurt (sacerdote), John Carroll Lynch (Lyndon B. Johnson), Max Casella (Jack Valenti). Compañías productoras: Wild Bunch, LD Entertainment, Fábula, Why Not Productions, Endemol Shine Studios, Bliss Media, Protozoa. Producción: Darren Aronofsky, Ari Handel, Juan de Dios Larraín, Mickey Liddell y Scott Franklin. Duración: 100 minutos.

1 COMENTARIO

  1. A mi lo que me pareció más importante de la película, es por fin, una visión femenina de lo que la presidencia es. Nunca nos preguntamos que sentiría/pensaría Jackie con el evento terrorífico que le tocó vivir. La presidencia se refleja en lo que ella actúa: un espacio lleno de glamour, cultura, soledad, lujo, estar bajo la mira y amenaza. Una mujer, como casi todas, dividida entre lo que ella quiere ser (fuma, bebe, extraña el glamour y el poder) y lo que se espera de ella (la perfección)
    Gracias!

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