Cuando era apenas una niña, Jyn Erso fue separada violentamente de su padre, el ingeniero Galen Erso, quien es forzado por el Imperio Galáctico para volverse un colaborador. Años después, el destino de Jyn se cruza con el de un puñado de combatientes de la Alianza Rebelde con quienes pronto se unirá en una peligrosa misión que implica tanto rescatar a su padre, como robar los planos que revelan el punto vulnerable de una poderosa estación espacial llamada la Estrella de la Muerte, capaz de destruir un planeta entero.

Rogue One: Una historia de Star Wars (2016) es el más reciente filme de una cadena de producción orquestada por los Estudios Disney a partir de su millonaria adquisición de la franquicia Star Wars. Una nueva era que inició a tambor batiente con el estreno de Star Wars. Episodio VII: El Despertar de la Fuerza (2015), dirigida por J.J. Abrams, un realizador que se ha acercado a mitologías fantásticas como la de Lucas o la de Star Trek con singular estilo, acercándolas a las posibilidades que el cine actual les pueden ofrecer, aunque su mejor filme sea un afortunado licuado genérico, entre el cine de aventuras juveniles, el de horror y la ciencia-ficción para desembocar en la fantasía nostálgica spielbergriana con Súper 8 (2011).

Abrams y otros directores estadounidenses actuales como Colin Trevorrow, director de Jurassic World (2015) y próximamente del Episodio IX de la saga de Star Wars, son cineastas de una edad similar (entre los 40 y 50 años) que crecieron con estas sagas, mismas que al llegar a sus manos reelaboran con una curiosa mezcla entre asombro, nostalgia, sincero respeto y conocimiento de causa acerca de los mitos que abordan.

Es el mismo caso del inglés Gareth Edwards, nacido en 1975 y formado en el ramo de los efectos especiales antes de debutar como realizador con la muy interesante propuesta fantástica Monstruos: Zona Infectada (2010). La odisea de los protagonistas a través de un territorio hostil contaminada después del choque de una nave que transportaba monstruos extraterrestres, se narraba desde una perspectiva minimalista, fortaleciendo una tensa atmósfera que se mantenía a lo largo de todo un filme en el cual los monstruos estaban sugeridos, a causa del muy modesto presupuesto de la empresa, algo que el cineasta supo aprovechar para apostar a la inquietud por sobre los efectos especiales vistosos. Monstruos fue una opera prima que fungió como preparación para su segunda cinta Godzilla (2014), resurrección hollywoodense de una de las criaturas más prolíficas del cine fantástico. Su acercamiento al monstruo sagrado del cine japonés es muy atractivo, pues Edwards lucha por equilibrar el elemento humano (sin el cual sería imposible identificarse) con la pelea entre su gigantesca protagonista y monstruos rivales en medio de una destrucción masiva que el realizador retrataba con notable aire apocalíptico y en el cual la presencia amenazante terminaba por convertirse en el héroe de la película.

El aterrizaje de Edwards en el universo de Star Wars con Rogue One, no pudo resultar más afortunado. Al no formar parte de la saga dedicada a la familia Skywalker, cuenta con una mayor libertad para restarle a su aportación elementos de misticismo o del melodrama con resonancias operísticas de la línea narrativa principal. Así, la cinta es un trepidante filme de aventuras a la vieja usanza de las matinées de antaño, con soldados envueltos en una misión suicida en la cual pondrán lo mejor de sus talentos sin esperar una recompensa final.

De hecho, Rogue One es una película estética y moralmente sombría, en la cual quienes fungen como héroes siempre están en conflicto entre qué deben hacer y lo que realmente desean, enmarcados por escenarios enmohecidos que transmiten la desesperanza que el Imperio Galáctico le ha traído a la galaxia entera. Éste episodio 3.5 de Star Wars carece de una historia de amor o de una posibilidad de escape para sus protagonistas. Todo en el filme se encamina a lo trágico, como esa brutal aparición de Darth Vader como la cruenta máquina asesina en la que su toma de partido por el Lado Oscuro de la Fuerza lo convirtió. Rogue One entrelaza la trilogía original y las precuelas con un auténtico sentido de la épica, haciendo trepidante la entrega de héroes de carne y hueso que aceptan el destino que ellos mismos han forjado, esparciendo la esperanza a los defensores que les siguen.

Situar el drama humano por encima de la maravilla tecnológica es un “as bajo la manga” de Edwards, y lo que hace de Rogue One la mejor película de la saga después de El Imperio Contraataca (1980) y el filme que lo empezó todo en 1977. El mejor efecto especial de la cinta es traer de nueva cuenta a la pantalla las presencias de Peter Cushing (fallecido en 1994) y de Carrie Fisher (quien falleciera 10 días después del estreno del filme), gracias a las tecnologías digitales de animación. Y su mayor mérito es emocionar tanto a los fans rabiosos de la saga (aquellos que se saben todas las claves y aplauden todas las referencias) como a las nuevas generaciones, con un relato tan antiguo como el del viaje iniciático de una heroína que busca a su padre-origen y cuya entrega total contribuye a la salvación de la galaxia entera.

Trailer Rouge One: Una Historia de Star Wars

ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS (Rogue One: A Star Wars story, Estados Unidos, 2016). Dirección: Gareth Edwards. Guión: Chris Weitz y Tony Gilroy, sobre un argumento de Gary Whitta y John Knoll. Fotografía en color: Greig Fraser. Música: Michael Giacchino. Edición: Jabez Olssen. Con: Felicity Jones (Jyn Erso), Diego Luna (Cassian Andor), Ben Mendelsohn (director Krennic), Donnie Yen (Chirrut Imwe), Mads Mikkelsen (Galen Erso), Alan Tudyk (K-2SO), Forest Whitaker (Saw Guerrera). Producción: Kathleen Kennedy, Allison Shearmur y Simon Emanuel. Compañías productoras: Walt Disney Pictures / Lucasfilm Ltd.

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